DESARROLLAR LO NUCLEAR ES DESARROLLAR EL PAÍS

El pasado 31 de mayo se cumplieron 76 años de la fundación de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Ese mismo día, aprovechando el aniversario, los funcionarios del gobierno de Milei anunciaron un reajuste del plan de saqueo de la CNEA y todas sus dependencias. 

La CNEA es el organismo que coordina y promueve la investigación y desarrollo en materia de tecnologías nucleares en nuestro país. A día de hoy, la CNEA cuenta con tres Centros Atómicos (Constituyentes, Bariloche y Ezeiza), con una planta de producción de combustibles nucleares, cuatro yacimientos de Uranio, una planta de enriquecimiento, cinco reactores nucleares de investigación en funcionamiento: RA-00, RA-01, RA-03, RA-04 y RA-06; y uno en construcción: el RA-10.

El sector nuclear tiene dos grandes aplicaciones, ambas muy necesarias para el desarrollo nacional y muy disputadas en el plano internacional: la producción de energía y la producción de radioisótopos.

Medicina Nuclear

La producción de radioisótopos es la principal aplicación de los reactores de investigación, que son más pequeños y no producen energía en grandes cantidades. Estos son materiales que se aplican principalmente al diagnóstico y tratamiento de enfermedades: en estudios como la TEP para el diagnóstico, o en diversos tratamientos contra el cáncer.

A día de hoy, gracias a la CNEA y a INVAP, Argentina es capaz de producir reactores de investigación muy competitivos a nivel mundial de forma 100% autónoma. De hecho, la principal exportación que hemos hecho en toda nuestra historia fue un reactor nuclear de investigación: el Reactor Multipropósito OPAL, vendido a Australia en el 2000 y terminado en 2007.

NASA: Energía para el Desarrollo

Hay un concepto clave a la hora de pensar un plan de desarrollo soberano para cualquier país: el autoabastecimiento energético. Se llama así a la capacidad de una nación de producir la energía que necesita y de garantizar así el funcionamiento de su economía de forma autónoma e independiente. Dado que sin energía no nos calentamos en casa, no movemos las mercaderías ni ponemos a funcionar las fábricas.

La producción de energía nuclear en nuestro país está a cargo de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), que es una empresa que era 100% estatal y hoy tiene un 44% sujeto a privatización. Esta empresa administra las tres centrales nucleares de potencia (es decir, las que producen energía): Atucha I, Atucha II y Embalse. Entre las tres pueden producir entre un 7 y un 10% de lo que demanda el país.

EL PLAN NUCLEAR DE MILEI

Muy por el contrario de lo que se dice a veces, el gobierno de Javier Milei, tiene un plan. Y su plan nuclear es una parte más de su plan general para el país: la subordinación total a EEUU a costa de la calidad de vida del pueblo argentino.

Al igual que nuestro país, Estados Unidos también necesita garantizar su autoabastecimiento energético y, para ello, los reactores nucleares argentinos son clave.

A día de hoy, hace casi 40 años que EEUU construyó su último reactor nuclear de potencia, a finales de la década de 1980. Desde entonces, el sector nuclear yanqui viene sufriendo un abandono, que lo posiciona en un lugar nada competitivo a nivel internacional, e incapaz de proveer a su economía de lo que necesita. Acá empalma el plan de Milei con el de Trump: a través de todo el sistema universitario y científico-tecnológico -que Milei desfinancia a día de hoy- y con los tres institutos universitarios de la CNEA (Balseiro, Sábato y Dan Benninson) nuestro país es un gran productor de cuadros técnicos de primer nivel mundial.

Todo el entramado productivo que conforma el sector nuclear argentino emplea a miles de trabajadores altamente capacitados a lo largo y ancho del país, que -con el desfinanciamiento desde hace casi tres años- los deja en bandeja de plata para un sector privado de capitales estadounidenses que les ofrece puestos de trabajo en sus empresas con sueldos 10 o 20 veces más altos que los que paga la CNEA, desde que asumió Milei. La consecuencia es evidente: una fuga de cerebros casi tan importante como la que sufrimos en la última dictadura se avecina en nuestro futuro cercano.

Por si ese ataque indirecto fuera poco, hace un mes la CNEA anunció que pone en venta “la totalidad de sus activos materiales e inmateriales”. Esto incluye los tres centros atómicos, los seis reactores de investigación, los cuatro yacimientos de Uranio, la planta de producción de combustibles, la planta de enriquecimiento, y todas las patentes de los diseños y desarrollos nacionales que tenemos. 

Esto no es un detalle, puesto que nos encontramos en la antesala de un conflicto bélico y, en este contexto, tener acceso a los yacimientos de uranio argentinos es clave para el gobierno de EEUU. Trump necesita garantizar la cadena de suministro para cerrar el ciclo del combustible nuclear, y para ello es clave lo que nuestro país puede “aportar”.

El caso de CAREM

Los reactores modulares son un tipo de reactor de potencia que es muy prometedor y por el cual están compitiendo a nivel mundial todos los países con capacidad nuclear. Estos reactores son de potencia pero mucho más pequeños que los tradicionales, pueden funcionar lejos de un cuerpo de agua (ríos, lagos, etc.) y se pueden instalar sucesivamente a medida que aumente la demanda.

El de la Central Argentina de Reactores Modulares (CAREM) es el más evidente caso de entrega en lo que va del gobierno de Milei. Este proyecto, desarrollado por CNEA e INVAP que se estaba construyendo en terrenos de NASA, es el reactor modular más avanzado del mundo, encabezando todos los rankings a nivel global. Tal es así que ya estaba en construcción el primer prototipo.

A día de hoy, las patentes del proyecto CAREM se han vendido a empresas extranjeras o están a la venta. Se ha frenado por completo su construcción y se despidió a más de 100 operarios que trabajaban en ello.

Frente al intento de consolidar una Argentina sumisa que actúe únicamente como el granero del mundo, para beneficio de las potencias extranjeras, las y los trabajadores del sector nuclear junto al movimiento estudiantil han iniciado un camino de resistencia, reflejado en la jornada de lucha del pasado 1° de junio frente a la sede central de la CNEA.

Para nuestra generación, defender el desarrollo nuclear no es un debate abstracto sobre ciencia: es defender la soberanía nacional, nuestra industria y el derecho a tener un futuro digno en nuestra propia tierra. Por eso, repetimos: desarrollar lo nuclear es desarrollar el país.

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