
Cuando el discurso del presidente habla de exageraciones, en un tono que violenta, no solo a la comunidad a la cual se dirige, si no a todo aquel que lo escuche, reproduce.
La violencia del presidente se reproduce.
La violencia del presidente habilita.
Y se traduce, en caza, en apedreos, en desapariciones, en prendernos fuego.
Sería más cómodo vivir si no se me notara, pero se me nota y mucho.
Sería más fácil vivir si el presidente no me odiara, pero me odia y mucho.
Mientras sigamos bajo un gobierno que fomenta el odio y la violencia hacia nosotrxs, mientras nos sigan matando, mientras pensar el vivir tenga una caducidad incierta, mientras los suicidios sigan creciendo y en nuestra Patria hermosa solo se siembre muerte.
Respondemos. En la calle.
En un sistema que se sigue ajustando a los intereses de unos pocos, que sigue moldeando los límites de la democracia a su gusto y semejanza. Donde la salida individual es la única opción que te promete la “libertad” y la única que garantiza tu encierro del mundo hasta tu muerte, o tu caza.
Hablar de revolución, es para mí, hablar de esperanza, es el futuro que le deseo a mi Patria.

