LA VENGANZA DEL DIEGO

Vuelven las cábalas en cada rincón de la patria y otros se persignan, porque el Mundial se juega en Estados Unidos, la tierra maldita donde le cortaron las piernas a Maradona en el ‘94. Nos vestimos con la celeste y blanca porque Milei alienta a Trump, que quiere usar la Copa para seguir bombardeando pueblos y naciones oprimidas. El pueblo busca una nueva alegría, como cuando ganamos la tercera de la mano de Messi, saliendo de la pandemia. Nos volvemos a ilusionar, porque del 11 de junio al 19 de julio se va a jugar el Mundial 2026: El último baile de Leo Messi, el mejor del mundo.

Un Mundial raro

Vamos a alentar desde acá a nuestra Selección aunque seguramente sea el Mundial con menos clima mundialista. Algunos dicen que es por el formato de 48 selecciones, cuando antes era de 32. Gracias a esto clasificaron muchos más países. Para quedar afuera solo tenés que ser la selección de Chile, que ni siquiera con el aumento de cupos pudo clasificar. Otros dicen que como ya salimos campeones en 2022, ya no tenemos esa sensación de vacío con la que llegamos a Qatar. Ese objeto de deseo que costó 36 años volver a ganar ahora es algo reciente. También está lo económico: armar el álbum es carísimo. Y la verdad que jugar en Estados Unidos, un país que le llama “soccer” al fútbol, la baja bastante.

Además de todo eso, el mundial está impregnado de otro mundial, el de la guerra. Se hace en un momento de aguda disputa por el control del mundo entre los imperialismos, con Estados Unidos a la cabeza de las agresiones militares buscando recuperar terreno frente al imperialismo chino. Como ya ha pasado en la historia de la Copa del Mundo, quienes tienen el poder quieren usar el Mundial para enviar un mensaje político. Donald Trump, en su rol de anfitrión, busca usarlo para reafirmar su intención de oprimir naciones y pueblos. Siendo organizador de la Copa, intenta mostrar que son la democracia y la paz. La FIFA inventó su “premio de la paz” especialmente para Trump y se lo dio en diciembre de 2025 por “sus esfuerzos por la paz en Gaza”. Se lo dieron tres meses después de haber bombardeado Irán por primera vez y habiendo apoyado a su aliado Israel, que masacraba día y noche a miles de palestinos. Apenas un mes después de recibir el premio invadió Venezuela, amenazó con invadir Cuba, Colombia y México. anexionarse Groenlandia… Y volvió a agredir a Irán.

Por la tele y redes sociales se intentará mostrar una ordenada y próspera sociedad capitalista yanqui como modelo a imitar. Pero la realidad es que es un país modelo en desigualdad, con su pueblo que sufre la política fascista de Trump, donde para acceder a la salud y la universidad hay que pagar, con elevado consumo de drogas en la juventud y con una inmigración latina que es perseguida y encarcelada por la ICE.

Vengar a D10S

Vivir este Mundial no es solo hinchar por nuestros colores. Se juega más que la camiseta. Es recordar la huella imborrable de Maradona, porque se juega donde él jugó su último partido con la selección. En ese Mundial de 1994, Maradona fue expulsado por la FIFA por haber sido encontrado positivo de doping. “Me cortaron las piernas”, dijo Diego. Fue así. La FIFA lo sacó de la competencia porque molestaba al poder. Maradona no era sólo un jugador de fútbol, también jugaba contra las injusticias. Así se enfrentó a Joao Havelange, jefe de la FIFA, porque eran los dueños de la pelota que favorecían a algunos y perjudicaban a otros, haciendo del fútbol un negocio millonario para pocos.

El primer choque fue en México ‘86, cuando Maradona cuestionó a la FIFA por hacerlos jugar a las 12 del mediodía con el sol que les partía la cabeza. El horario estaba puesto para la transmisión por televisión pero no tenía en cuenta a los jugadores. La segunda batalla vino en Italia ‘90 cuando Maradona se negó a darles la mano a Havelange en la entrega de premios de la final, luego de que se cobrara un penal que no fue contra Argentina y que le dio el triunfo a Alemania. Cuando vino EEUU ‘94 la FIFA se la tenía jurada a Maradona. Primero usaron la figura de Diego para convocar al Mundial. Su imagen les servía porque en Estados Unidos, el fútbol no es el principal deporte y mucho menos lo era en la década del 90. Recordemos que le llaman “soccer”, porque para ellos el único fútbol es el fútbol americano, que es una copia trucha del rugby pero mucho más falopa. Entonces, una vez que lo usaron comercialmente en el Mundial ‘94, se cobraron la rebeldía que tuvo Maradona contra su poder y lo descartaron con la excusa del doping.

Pero Maradona no solo se rebeló frente al poder de la FIFA. Bancó a los jubilados y defendió la educación pública durante el menemismo. En el 2005 fue parte de las movilizaciones y actos contra el ALCA (tratado de libre comercio con EEUU) repudiando la visita del presidente George Bush a Mar del Plata. Agitando su tatuaje del Che Guevara en el hombro, siempre se solidarizó con los pueblos y naciones de nuestra América Latina, como Cuba, Venezuela y Bolivia.

El ejemplo de Diego se hace presente en estos días. Si los de arriba y de afuera se creen dueños del mundo y del mundial, los de abajo y de esta tierra vamos a alentar por nuestra bandera. Milei ya se puso la camiseta yanqui para festejarle a Trump su expansionismo fascista. El pueblo se abraza a la bandera argentina y la camiseta celeste y blanca para defender nuestra patria, para salir campeones y todos unidos vengarnos de los que le cortaron las piernas a Maradona. Será en su propia tierra maldita.

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