Frente a la violencia la salida es la organización.

En los últimos días se estuvo replicando en varias escuela secundarias de todo el país pintadas con amenazas de tiroteos. Esto se enmarca semanas después del tiroteo en la escuela Mariano Moreno de la ciudad de San Cristóbal donde un estudiante sacó un arma y disparó a quemarropa, dejando un muerto y varios heridos.
La realidad que vivimos los estudiantes secundarios es cada vez peor, crece el hambre y la droga, nuestras escuelas se caen a pedazos y cada vez somos menos los que podemos sostener los estudios. Nuestra salud mental empeora, nuestros sufrimientos se agudizan todos los días y en las escuelas no tenemos gabinetes psicopedagógicos capacitados que puedan ser herramienta para el conjunto de los y las estudiantes. Todo esto sucede en el contexto de un gobierno profundamente violento, que no toma ni una sola medida para mejorar nuestras condiciones de vida y de estudio. Lejos de eso ajustan nuestra educación, bajan la edad de imputabilidad y nos ponen a los estudiantes en el centro del ataque.
Es un grave error pensar que lo que vivimos no se refleja en la escuela; al contrario, este es el lugar donde se manifiestan todos los problemas que arrastramos. En una actualidad donde la pobreza y la deserción estudiantil crecen, dónde los discursos de odio son cada vez más comunes y la violencia se normaliza, dónde se presenta el individualismo como forma de vida y el sálvese quien pueda como su herramienta, dónde se desfinancia y cuestiona la ESI. Estos son solo algunos elementos que forman parte de las desigualdades que enfrentamos. la violencia cotidiana que vivimos, el crecimiento de discursos de odio e individualismo que atravesamos. A esto se suma la hipocresía de quienes nos gobiernan, que eliminan políticas públicas de cuidado para menores, acompañamiento en salud, educación, deporte y cultura. El desmantelamiento de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) es un claro ejemplo de ello, junto con el desfinanciamiento del sistema educativo y la precarización de los docentes. Cada vez hay menos recursos y herramientas para afrontar situaciones más complejas.
Los indicadores de suicidio adolescente son alarmantes, siendo esta la principal causa de muerte en jóvenes. Frente a esto, encontramos un desfinanciamiento de políticas públicas y gabinetes psicopedagógicos que no funcionan o no dan abasto. Quieren que seamos una generación quebrada, agobiada y violentada, sin perspectiva de futuro.
Ante todo esto, el gobierno ofrece como única solución la cárcel y la represión, con la baja de la edad de imputabilidad o la presencia policial en las escuelas vista en las últimas horas.
Pero frente a eso peleamos para que hasta el último pibe y piba de la argentina tenga un lugar donde desde lo colectivo se pueda cuestionar todo lo que vivimos y nos organicemos para conquistar otro presente.
Los jóvenes no somos una población peligrosa; estamos en peligro. Es necesario el financiamiento para educación, una esi que nos ayude a atravesar nuestra adolescencia y gabinetes psicopedagógicos útiles que abarquen nuestros problemas, donde los estudiantes seamos parte de discutir qué tipo de gabinetes necesitamos. Desde la JCR peleamos organizarnos para discutir estos problemas y conquistar las medidas que necesitamos todos los estudiantes secundarios para vivir y estudiar mejor.


