SE VA A ACABAR, SE VA A ACABAR, LA DICTADURA MILITAR

Una vez producido el golpe de Estado, hubo un retroceso en el movimiento de masas que había caracterizado los años anteriores desde el Cordobazo en 1969. Pero en el marco la brutal represión y el terrorismo de Estado hubo luchas que se ocultan o niegan de nuestra historia

¿A qué vino el golpe?

Para darse una idea de cómo fue la represión de la dictadura de 1976 es necesario conocer de dónde veníamos.

Hacia mediados de la década del ‘70 el país vivía todavía el auge de luchas iniciado en mayo de 1969 en Córdoba. En esa ciudad hubo una pueblada de obreros y estudiantes que repudiaban la política de la dictadura autodenominada “Revolución Argentina” encabezada por Onganía, Levingston y Lanusse. Esta pueblada logró acelerar el fin de la dictadura convocando a elecciones para 1973, junto con la vuelta de Perón al país, que estaba exiliado desde 1955.Pero las consecuencias del Cordobazo fueron mucho más allá: crecieron las tomas de fábricas y se vivieron nuevas puebladas. Se fortalecieron las corrientes clasistas en el movimiento obrero que buscaban recuperar sindicatos que tenían  conducciones conciliadoras. Así se recuperó el SMATA Córdoba en 1972 con René Salamanca a la cabeza. También se fortalecieron y crecieron los Cuerpos de Delegados en fábricas, en la universidad, en secundarios e influyó sobre el campesinado.

Luego de la muerte de Perón en julio de 1974, los sectores de poder vinculados a las dos potencias imperialistas (EEUU y la URSS) aceleraron sus planes para un nuevo golpe. En paralelo crecían las acciones armadas de Montoneros y el ERP, que ubicaban como enemigo principal al gobierno peronista, favoreciendo los planes golpistas. Por su parte, el PC apoyaba el golpe y decía que Videla era “democrático y progresista”.

Solo con leer lo que escribían los medios de las clases dominantes en 1975 alcanza para comprender el odio y preocupación que tenían por este auge de masas. El diario La Prensa repudiaba los “soviets de fábrica”. Se quejaban de que “se repiten y extienden” las huelgas con ocupaciones de fábricas y la exigencia de aumentos de salarios. Agregaban: “los propios dirigentes de la cúpula sindical han sido sobrepasados por obreros y empleados” que buscan imponer “decisiones que adoptan sin consultar a nadie.” Por último, criticaban al gobierno de Isabel porque “contempla impasible lo que sucede.”

El gobierno de Perón e Isabel tuvo una política reformista, propia de un gobierno de burguesía nacional. Algunas medidas fueron la estatización de las bocas de expendio de combustibles (en manos de Esso y Shell) y la “argentinización” de empresas de telecomunicaciones como ITT y Siemens. Muchas veces el gobierno respondió con represión y en otros casos hizo concesiones a sectores golpistas que buscaban una represión más amplia y dura. Esto, junto a medidas de junio de 1975 como la liberación de precios y tope a los salarios (Rodrigazo) jugaron para su propio desgaste político.

El 24 de marzo se consumó el golpe de Estado, con la hegemonía del sector prosoviético de Videla-Viola. EEUU y la URSS se disputaban el mundo y en Argentina coincidían en ahogar el auge de masas abierto en 1969 por miedo a que se de vuelta la tortilla. Para eso necesitaban correr del medio al gobierno de Isabel, que aún con limitaciones, no les servía a sus intereses imperialistas.

Desde noviembre de 1974 el PCR definió enfrentar el golpe de Estado pro-ruso o pro-yanqui que se preparaba contra el gobierno de Isabel de Perón, porque sería un golpe imperialista, contra el pueblo y la patria. Esta decisión no tenía el objetivo de sostener la política reformista del gobierno; tenía como norte unirse a las masas peronistas para abrir un rumbo revolucionario con el proletariado a la cabeza.

La resistencia

Consumado el golpe se produjo un retroceso en el movimiento de masas. Las primeras medidas de la Junta Militar fueron la intervención de la CGT y los sindicatos, “suspendieron” la actividad gremial y de varios partidos políticos (entre ellos el PCR). Comenzaron los secuestros, desapariciones y torturas. Buscaron aumentar la superexplotación y desarticular la organización obrera. Pero, poco a poco, en los primeros años de dictadura fueron surgiendo pequeñas luchas hasta lograr luchas más grandes, paros y movilizaciones.

En octubre y noviembre de 1976 se desarrollaron luchas de los obreros de Luz y Fuerza, General Motors, Mercedes Benz, IKA Renault, Ford, entre otras. A fines de 1977 se hizo la primera huelga ferroviaria.

La política económica dictatorial era aumentar la superexplotación y la dependencia. Durante los primeros 5 años de dictadura la inflación se ubicó siempre por encima del 100%, en un promedio del 211% anual. Hubo despidos y suspensiones por la apertura de las importaciones que castigaba a la industria nacional. Por ejemplo, en Renault Santa Isabel en 1978 trabajaban 1.800 obreros, cuando había tenido 8.000.

A fines de octubre y principios de noviembre de 1977 se hizo una huelga ferroviaria. Los señaleros del Roca tomaron la iniciativa: al no recibir respuesta por los $100.000 de básico que exigían, resolvieron parar. La lucha se extendió a casi todo el país y otras líneas, como el Mitre y el San Martín, donde una asamblea de 200 obreros resolvió plegarse al paro. Durante la organización de este paro fue secuestrado Manuel Guerra, “Quebracho”, que era secretario de organización de la JCR. En las páginas del Nueva Hora del 5 de diciembre de 1977, un protagonista de la lucha contó qué se consiguió: “1) sacarnos el miedo, 2) 45% de aumento salarial, 3) cobro anticipado del sueldo, 4) adelanto del sueldo de noviembre, 5) fortalecimiento de la organización sindical, con la elección de delegados por sección; y 6) fueron reincorporados 300 cesantes.”

Esto sucedía mientras crecía el reclamo de familiares de detenidos-desaparecidos y las rondas de las Madres. En 1977 hubo reclamo salarial de obreros rurales y una movilización de productores del tomate en Valle Medio de Río Negro. También concentraciones campesinas contra impuestos y créditos confiscatorios en Valle de Uco (Mendoza), Cañada de Gómez (Santa Fe) y Villa María (Córdoba). En 1978 se dio la lucha en villas de emergencia y barrios populares contra desalojos. A fines de ese año se logró impedir la guerra contra Chile, que empujaba la dictadura.

El 27 de abril de 1979 se realizó el primer paro nacional contra la dictadura, convocado por el grupo de “los 25” (sindicatos opositores a la dictadura) reclamando aumento salarial, libertades sindicales, liberación de detenidos, aparición de desaparecidos y en defensa de la industria nacional. Según la misma dictadura llegó al 60% de adhesión en el Gran Buenos Aires y el 30% en el país. Adhirieron obreros del automotor, ferroviarios, metalúrgicos, neumático, químicos y permitió reorganizar cuerpos de delegados. La dictadura primero quiso que se levantara y como no pudo, buscó minimizar el paro.

La primera huelga larga se realizó en el Swift de Berisso en noviembre de 1979. El frigorífico había sido regalado a capitales soviéticos y a pesar de las grandes ganancias que tenían, los salarios eran de hambre. La lucha duró 32 días, protagonizada por esos obreros, encabezada por compañeros y compañeras del Partido impulsando la agrupación “10 de junio”.

La resistencia antidictatorial se fue ampliando y generalizando a comienzos de los ’80. En plena crisis económica y recesión, el 30 de marzo de 1982 se hizo una gran movilización convocada por la CGT por “Pan, paz y trabajo” en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Paraná y otras ciudades. En la marcha se cantaba “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar” y “que se vayan”. En Buenos Aires la represión fue brutal y hubo más de 1.000 detenidos. Esto no impidió que las mismas masas se movilicen en apoyo a la recuperación de las Malvinas e Islas del Atlantico Sur, el 2 de abril. Luego de la derrota en la guerra en Malvinas, la dictadura no pudo sacar al pueblo de las calles y se extendió la lucha obrera y popular.

La dictadura, desgastada por estas luchas, se tuvo que ir mucho antes de lo que querían: 7 años después de haber tomado el poder, siendo de las más cortas si miramos a Chile que duró 17 años y Brasil con 21. Aún en condiciones muy difíciles el pueblo se fue organizando y plantando de menor a mayor ante la dictadura. El ejemplo del pueblo que enfrentó a quienes desaparecían, torturaban y perseguían demuestra que es posible derrotarlos. Ese ejemplo nos guía para seguir impulsando la unidad del pueblo y sus luchas para terminar con la política del gobierno de Milei y conquistar otro, que sea al servicio del pueblo y la patria.

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